Categoría: Cuentos

Libro de cuentos para el desarrollo de la comprensión lectora (Para todos los grados)

Libro de cuentos para el desarrollo de la comprensión lectora (Para todos los grados)

En esta ocasión compartimos una compilacioón de cuentos para el desarrollo de la comprensión lectora para todos los grados.

Es un material muy valioso que puede ayudar a mejorar las prácticas docente en el ambito de la comprensión lectora.

Se trata de un documento en pdf que se puede descargar de manera gratuita.

A continuación, el libro para descargar Aquí

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Niebla Voladora, cuento de Elsa Bornemann

-por Elsa Bornemann-

No se atrevía a contárselo a nadie. Ni siquiera a Tina, que la quería tanto. Tampoco a Bimbo, el gato de al lado. ¿Cómo decirles que estaba aprendiendo a volar? Además, ¿qué diría Tina si se enterara? Seguramente exclamaría asombrada: “¡Mi gata Niebla puede volar!”, y entonces… ¡ZACATE!, su mamá llamaría al veterinario y…

¿Y Bimbo? ¿Le creería acaso? No; era tan tonto… Lo único que le importaba era comer y remolonear… Nunca creería que ella era una gata voladora. Imposible. No podía contárselo a nadie.

Así fue como Niebla guardo su secreto.

Una noche de verano voló por primera vez. Un rato antes había escuchado gritar a las estrellas. ¿Las había escuchado realmente? Tal vez no… Estaba tan excitada sin saber por qué… Se acomodó inquieta en las ramas de la parra, donde le gustaba dormir, y miró hacia abajo. De repente, se dejó caer sobre las baldosas del patio, desteñidas por la mansa luz de la luna. Cayó blandamente, con las pata bien estiradas, y la cola ondulando en el vacío.

¡Volar sin alas! ¡Era tan sencillo y hermoso! ¡No se explicaba cómo no lo había hecho antes!

Desde esa vez, Niebla se lanzó a volar cada noche, usando la parra como pista de despegue. Su cuerpito gris se extendía por el aire hasta alcanzar las copas de los árboles de la vereda… el mástil de la escuela de enfrente… la veleta de la fábrica… la torre de la iglesia…

¡Alto! ¡Cada vez más alto! Cada vez más lejos de los sueños de la gente… Cada vez más cerca de los sueños de la luna… ¡Qué lindo era ver todo desde allí arriba! El aire tibio del verano se rompía en serpentinas a su paso. Las calles eran rayitas oscuras con fosforitos encendidos aquí y allá ¡Alto! ¡Cada vez más alto!

Hasta que una noche… el cielo crujió en relámpagos. Las estrellas se pusieron caperuzas negras, y ya no se las vio… una fuerte lluvia se volcó sobre el verano…

Niebla volaba distraída cuando las primeras gotas le mojaron la cola, el lomo, las patas, la cabecita…

Tina se despertó en su habitación, sacudida por los truenos.

– ¡Niebla! -se dijo, preocupada -. ¡Niebla está en la parra y va a mojarse! -y salió corriendo hacia el patio. Justamente en ese instante, su gata planeaba bajo la parra, tratando de aterrizar sobre las baldosas.

Entonces la vio, Tina la vio:

-¡Mi gata vuela! ¡Mi gata vuela! ¡Niebla es voladora! ¡Que maravilla!

En un momento, papá y mamá estuvieron a su lado:

– Pero, Tina, ¿qué haces bajo la lluvia?

– ¡Ay, Tina, siempre imaginando disparates!

– Solamente las aves pueden volar…

– A la cama, nena, te hará daño mojarte…

– Pobrecita mi Tina, sigue creyendo que su gatita volverá… ya te traeremos otra…

Tina no los escuchaba. Se dejó llevar hacia su habitación. Se dejó abrigar en su cama. Se dejó besar… Y apenas sus padres volvieron a dormirse, se levantó y miró a través de la ventana. Entonces, vio pasar a Niebla, volando entre lluvia y noche sobre los árboles, sobre las veletas, sobre los techos de las últimas casas de la cuadra, sobre la torre de la iglesia -con su colita ondulando en el vacío -, hasta que no fue más que un punto en de humo en el horizonte.

¡Alto! ¡Cada vez más alto!

 

Desde entonces, Tina lleva su sillita de mimbre a la puerta de su casa las noches de verano y allí se sienta. Mira a lo lejos y no habla.

Sus papás dicen que es una nena muy imaginativa y acarician el solcito de su pelo, al pasar a su lado…

Los vecinos opinan que sueña despierta y cuentan que sus ojos claros son dos paisajes de lluvia, aunque las noches sean tibias y luminosas…

Pero yo sé que Tina sólo espera el regreso de su gata, y sé también que Niebla volverá alguna noche, volando sobre los tejados, en busca de esa querida parra que filtra la luna sobre el patio… en busca de esa querida niña…

 

Mientras tanto, Tina espera y crece.

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El Pasaje de la Oca

-por Elsa Bornemann-

El pasaje de lo Oca era una callecita muy angosta… Tan angosta que a las personas que allí vivían les bastaba estirar las manos a través de las ventanas para estrechar las de los vecinos de enfrente. Todos eran felices allí y yo no tendría nada que contarles si una madrugada no hubiera llegado al Pasaje de la Oca el señor Álvaro Rueda.

Este señor estacionó su automóvil justo a la entrada del pasaje y tocó insistentemente la poderosa bocina hasta despertar a los habitantes de la callecita. En cinco minutos ya estaban todos alrededor del auto, entre dormidos y asustados, preguntándole qué sucedía.

Álvaro Rueda , mostrándoles un plano, les anunció la terrible noticia:

– Señores vecinos, yo soy el dueño de este terreno. Lamento comunicarles que la semana próxima desaparecerá el Pasaje de la Oca. Haré demoler todas las casas, puesto que aquí construiré un gran edificio para archivar mi valiosa colección de estampillas… Múdense cuanto antes -y, despidiéndose con varios bocinazos, puso en marcha su vehículo y se perdió en la avenida.

Por un largo rato, los vecinos del Pasaje de la Oca no hablaron, no lloraron ni se movieron: tanta era su sorpresa. Parecían fantasmas dibujados por la luna, con sus camisones agitándose con el viento del amanecer.

Más tarde, sentándose en los cordones, estudiaron diferentes modos de salvar el querido pasaje:

1) Desobedecer al señor Rueda y quedarse allí por la fuerza.

Pero esta solución era peligrosa: ¿Y si Álvaro Rueda -furioso- ordenaba lanzar las máquinas topadoras sobre el pasaje, sin importarle nada? No. En ese caso, lo perderían sin remedio…

2) El Pasaje de la Oca podría ser enrollado como un tapiz y trasladado a otra parte; solución que fue descartada: -¡No! ¡Imposible! ¡Se quebrarían todas las copas! ¡Se harían añicos las jarras y los floreros de vidrio! ¿Cómo salvarían los espejos?

3) Podrían contratar a un hechicero de la India para que colocara el pasaje sobre una alfombra voladora y lo llevara, por el aire, a otra región. Pero la India estaba lejos de allí… y el viaje por avión costaba demasiado dinero…

Ya estaban por darse por vencidos, resignándose a perder su querida callecita, cuando el anciano don Martín tuvo una idea sensacional: – ¡Viva! ¡Encontré la solución! Escuchen: nos dividiremos en dos grupos y cada uno tomará el pasaje por un extremo. Los de adelante tirarán de la calle con todas sus fuerzas y los de atrás empujarán con vigor. De ese modo, podremos despegarla y llevarla -arrastrando -hasta encontrar un terreno libre donde colocarla otra vez. ¡El Pasaje de lo Oca no será destruido!

-¡Viva Don Martín! -gritaron todos los vecinos, contentísimos. Y esperaron la noche para realizar su extraordinario plan.

Fue así como, cuando toda la ciudad dormía, los habitantes del Pasaje de la Oca lo tomaron de las puntas y empezaron la mudanza. Despegarlo fue lo que más trabajo les costó, porque arrastrarlo no resultó dificultoso. El pasaje se dejaba llevar como deslizándose sobre una pista encerada.

Pronto encontraron la avenida, suficientemente ancha como para permitir el paso de la callecita… Y allá fueron todos -hombres, mujeres y niños -, llevándose el pintoresco pasaje a cuestas, como un maravilloso teatrito ambulante, con sus casitas blancas y humildes bamboleándose durante la marcha, con sus faroles pestañando luces amarillentas, con sus sábanas bailando en las sogas de las terrazas bajo un pueblito de estrellas echado boca abajo.

La mañana siguiente abrió sus telones y vio al Pasaje de la Oca instalado en el campo. Allí, sobre el chato verde, lo colocaron felices. Esa noche celebraron una gran fiesta y los fuegos artificiales estrellaron aún más la noche campesina.

A la mañana siguiente, cuando el señor Álvaro Rueda llegó, seguido por una cuadrilla de obreros dispuestos a demoler el pasaje, encontró el terreno completamente vacío.

– ¡El callejón desapareció! -alcanzó a gritar antes de hacer desmayado.

Y nunca supo que la generosidad del campo había recibido al pasaje, callecita fundadora del que, con el correr del tiempo, llegó a ser el famoso PUEBLO DE LA OCA.

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Pablo, cuento de Elsa Bornemann

-por Elsa Bornemann-

El pueblo se llamaba…

Chato y polvoriento, recostado frente al mar, era una cinta de arena y piedra oscura. Sus habitantes echaron a rodar esa mañana de primavera como una moneda más, sin notar en ella nada diferente.

Al mediodía, la gente se arremolinó en el mercado del puerto, como tantas otras veces. Aquello sucedió por la tarde. El silbato del tren pasando a lo lejos fue el sonido que señaló el principio. Justo en ese momento, los pescadores quedaron con las bocas abiertas, mientras cantaban recogiendo sus redes. Y de sus bocas ya no salió ninguna palabra. Lo mismo les sucedió a los vendedores del mercado…

a las mujeres en sus cocinas…

a los viejos en sus sillas…

a los estudiantes en sus aulas…

a los más chicos en sus juegos…

Por más que intentaron, ninguno pudo decir ni siquiera una sílaba. Las caras se esforzaron, sorprendidas, una y otra vez. Fue inútil. El silencio fue un poncho abierto oscureciendo al pueblo. ¿Qué pasaba?

De pronto, vieron como cinco, diez, cuarenta, cien, dos mil palabras saltaban al aire desde sus bocas silenciosas, tomando extrañas formas. Y tras ellas fueron, amontonándose en desordenada carrera, sin saber adónde los llevaría ese rumbo sur que señalaban.

Hubo quienes siguieron la palabra “MAR”, maravillados por esas tres letras verdes ondulando en la tarde…

Otros prefirieron marchar tras la palabra “SOL”, partida en gajos de una enorme naranja…

Algunos se decidieron por la palabra “CARACOL”… o “VIENTO”… o “TELAR”… o “MARIPOSA”… o “CEBOLLA”… o “VINO”…

Pero la que congregó la mayor cantidad de caminantes fue la palabra “PAZ”. Esa sí que deslumbraba, con su amplia zeta abierta como la cola de un pavo real…

No les fue posible seguir a cada una en especial. Las palabras eran tantas, tantas, que muchísimas debieron volar en soledad, chocando entre sí en su afán de llegar primero a… ¿A dónde?

Pronto lo supieron. La gente detuvo sus pasos ante una casa grande, mirando con sorpresa cómo por la chimenea, por las ventanas, por puertas y cerraduras, todas las palabras se precipitaban convertidas en una fantástica lluvia de letras.

Llovió durante un largo rato.

Entonces entendieron lo que había sucedido y un temblor los unió. Esa era la casa de Pablo, el poeta, hermano del amor y la madera, amigo de paraguas y copihues, caminador de muelles y de inviernos, timonel del velero de los pobres, voz de los tristes, de piedras y olvidados…

Esa era la casa de Pablo, que acababa de morir…

Las palabras habían perdido su ángel guardián, su domador, su padre, su sembrador… Ellas lo sabían… Por eso habían sentido su adiós antes que nadie y habían disparado en cortejo, para besar esa boca que ya no volvería a cantarlas…

La noche no se animaba aún a desenrollarse cuando dejó de llover. En ese instante, una niña desconocida salió de la casa de Pablo. Su vestido blanco fue un punto de azúcar luminoso en la oscuridad. Su pelo en llamas se abrió en antorchas alrededor de su cabeza. Entonces gritó “¡VIDA!”, y la gente de aquél pueblo que se llamaba… atajó la palabra en movimiento y gritó con ella “¡VIDA!”. Entonces gritó “¡TIERRA!”, y un aullido coreado por todos rajó la noche: “¡TIERRA!”. Y gritó “¡AIRE!” … y “¡AGUA!” … y “¡FUEGO!”… a la par que de sus manos salían todas las palabras de Pablo, mágicas uvas que repartió entre los que estaban agazapados en su torno.

Y esas uvas se unieron nuevamente en racimos verdes…

Y los versos de Pablo se repitieron una y otra vez…

Y se siguieron cantando una y otra vez…

Y retumbaron como tambores en escuelas y carpinterías, en bosques y mediodías, en trenes y bocacalles, en ruinas y naufragios, en eclipses y sueños, en alegrías y cenizas, en olas y guitarras, en ahoras y mañanas… una y otra vez… una y otra vez… una y otra vez… una y otra vez…

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Potranca Negra

-por Elsa Bornemann-

En la estancia de padrino Ernesto, donde estoy pasando mis vacaciones, hay muchos potrillos… ¡pero ninguno como mi potranca negra!

Cuando los arados van a dormir su fatiga, ella se me aparece al tranquito, lamiendo el atardecer como si fuera el agua de los bebederos.

Es arisca. No viene cuando yo la llamo sino cuando ella quiere, despeinando los juncales con sus largas crines. Sus huellas van oscureciendo los caminitos de barro.

Espero que toda la gente de las casas se haya acostado y abro las ventanas de mi cuarto para mirarla: la veo trotando sobre malezas y pastizales, escabulléndose entre los cardos, saltando los alambrados…

¡Potranca desbocada! Galopa sobre el campo o sobre los techos, enfriando el aire con su aliento. Sus cascos golpean las puertas y su cola azota molinos y chimeneas. Escucho el roce de su poncho al engancharse en los postes, mientras arroja negrura por todas partes.

A veces, le relincha a la luna, y otras, la lleva sobre la grupa para que reparta sus luces por lagunas y charcos.

¡Potranca salvaje! ¡Imposible cabalgar sobre su lomo! Pero puedo tocarla cuando apago mi lámpara: en ese momento se me acerca mansita y la acaricio. Ella me mira desde la oscuridad de sus ojos enormes y yo la contemplo en silencio, hasta que los gallos abren la madrugada y la mañanita empieza a remontar su barrilete de sol…

Mi potranca huye entonces, tijereteando las sombras…

Más tarde, mientras le cebo unos mates, padrino Ernesto me dice que esa que quiero tanto es LA NOCHE y promete regalarme una yegüita overa, para que no siga imaginando pavadas… Yo sonrío y me callo… Padrino Ernesto debe estar celoso: él tiene muchos potrillos… ¡pero ninguno como mi potranca negra!

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Un Elefante Ocupa Mucho Espacio

-por Elsa Bornemann-

Que un elefante ocupa mucho espacio lo sabemos todos. Pero que Víctor, un elefante de circo, se decidió una vez a pensar “en elefante”, esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo… ah… eso algunos no lo saben, y por eso se los cuento:

Verano. Los domadores dormían en sus carromatos, alineados a un costado de la gran carpa. Los animales velaban desconcertados. No era para menos: cinco minutos antes el loro había volado de jaula en jaula comunicándoles la inquietante noticia. El elefante había declarado huelga general y proponía que ninguno actuara en la función del día siguiente.

-¿Te has vuelto loco, Víctor?- le preguntó el león, asomando el hocico por entre los barrotes de su jaula. -¿Cómo te atreves a ordenar algo semejante sin haberme consultado? ¡El rey de los animales soy yo!

La risita del elefante se desparramó como papel picado en la oscuridad de la noche:

-Ja. El rey de los animales es el hombre, compañero. Y sobre todo aquí, tan lejos de nuestras selvas…

– ¿De qué te quejas, Víctor? -interrumpió un osito, gritando desde su encierro. ¿No son acaso los hombres los que nos dan techo y comida?

– Tú has nacido bajo la lona del circo… -le contestó Víctor dulcemente. La esposa del criador te crió con mamadera… Solamente conoces el país de los hombres y no puedes entender, aún, la alegría de la libertad…

– ¿Se puede saber para qué hacemos huelga? -gruñó la foca, coleteando nerviosa de aquí para allá.

– ¡Al fin una buena pregunta! -exclamó Víctor, entusiasmado, y ahí nomás les explicó a sus compañeros que ellos eran presos… que trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero… que eran obligados a ejecutar ridículas pruebas para divertir a la gente… que se los forzaba a imitar a los hombres… que no debían soportar más humillaciones y que patatín y que patatán. (Y que patatín fue el consejo de hacer entender a los hombres que los animales querían volver a ser libres… Y que patatán fue la orden de huelga general…)

– Bah… Pamplinas… -se burló el león-. ¿Cómo piensas comunicarte con los hombres? ¿Acaso alguno de nosotros habla su idioma?

– Sí -aseguró Víctor. El loro será nuestro intérprete -y enroscando la trompa en los barrotes de su jaula, los dobló sin dificultad y salió afuera. En seguida, abrió una tras otra las jaulas de sus compañeros.

Al rato, todos retozaban en los carromatos. ¡hasta el león!

Los primeros rayos de sol picaban como abejas zumbadoras sobre las pieles de los animales cuando el dueño del circo se desperezó ante la ventana de su casa rodante. El calor parecía cortar el aire en infinidad de líneas anaranjadas… (los animales nunca supieron si fue por eso que el dueño del circo pidió socorro y después se desmayó, apenas pisó el césped…)

De inmediato, los domadores aparecieron en su auxilio:

– Los animales están sueltos!- gritaron acoro, antes de correr en busca de sus látigos.

– ¡Pues ahora los usarán para espantarnos las moscas!- les comunicó el loro no bien los domadores los rodearon, dispuestos a encerrarlos nuevamente.

– ¡Ya no vamos a trabajar en el circo! ¡Huelga general, decretada por nuestro delegado, el elefante!

– ¿Qué disparate es este? ¡A las jaulas! -y los látigos silbadores ondularon amenazadoramente.

– ¡Ustedes a las jaulas! -gruñeron los orangutanes. Y allí mismo se lanzaron sobre ellos y los encerraron. Pataleando furioso, el dueño del circo fue el que más resistencia opuso. Por fin, también él miraba correr el tiempo detrás de los barrotes.

La gente que esa tarde se aglomeró delante de las boleterías, las encontró cerradas por grandes carteles que anunciaban: CIRCO TOMADO POR LOS TRABAJADORES. HUELGA GENERAL DE ANIMALES.

Entretanto, Víctor y sus compañeros trataban de adiestrar a los hombres:

– ¡Caminen en cuatro patas y luego salten a través de estos aros de fuego! ¡Mantengan el equilibrio apoyados sobre sus cabezas!

– ¡No usen las manos para comer! ¡Rebuznen! ¡Maúllen! ¡Ladren! ¡Rujan!

– ¡BASTA, POR FAVOR, BASTA! – gimió el dueño del circo al concluir su vuelta número doscientos alrededor de la carpa, caminando sobre las manos-. ¡Nos damos por vencidos! ¿Qué quieren?

El loro carraspeó, tosió, tomó unos sorbitos de agua y pronunció entonces el discurso que le había enseñado el elefante:

– … Con que esto no, y eso tampoco, y aquello nunca más, y no es justo, y que patatín y que patatán… porque… o nos envían de regreso a nuestras selvas… o inauguramos el primer circo de hombres animalizados, para diversión de todos los gatos y perros del vecindario. He dicho.

Las cámaras de televisión transmitieron un espectáculo insólito aquel fin de semana: en el aeropuerto, cada uno portando su correspondiente pasaje en los dientes (o sujeto en el pico en el caso del loro), todos los animales se ubicaron en orden frente a la puerta de embarque con destino al África.

Claro que el dueño del circo tuvo que contratar dos aviones: En uno viajaron los tigres, el león, los orangutanes, la foca, el osito y el loro. El otro fue totalmente utilizado por Víctor… porque todos sabemos que un elefante ocupa mucho, mucho espacio…

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Cuento sobre discapacidad intelectual: Mi hermana Lola

Soy Javier,tengo 10 años,soy un gran portero jugando al fútbol, me gusta mucho leer cuentos y tengo una hermana: LOLA. Estoy aquí para contarte una cosa:

Pero antes te presentaré a Lola: Lola es mi hermana pequeña, tiene 8 años…, es divertida, tozuda y pecosa. Le gusta mucho bailar y escuchar música y, según cuentan algunos adultos (los médicos, maestros y a veces mis papás), tiene una discapacidad intelectual.

Cuando escuché por primera vez discapacidad intelectual me puse a buscarla (sobre todo porque pensé que mi hermana tenía algo que yo no tenía…, y sentía curiosidad). Así que me pasé días mirándola mientras dormía, mientras comía…,o buscando debajo de su vestido,entre su pelo,dentro de sus zapatos… ¡y nada! No encontré la discapacidad intelectual por ninguna parte.

Y es que, luego me enteré que la discapacidad intelectual no es algo que se lleva puesto(como un sombrero o unas medias de colores), o que se vea (como sus pecas o sus ojos oscuros).

No: la discapacidad intelectual es la CONSECUENCIA de algo que le ocurrió mientras estaba creciendo en la barriga de mamá. Nadie sabe por qué pasó eso y tampoco es culpa de nadie… Es como una de esas cosas que ocurren de repente sin que nadie las espere: como cuando hay un cielo azul y de repente llega una tormenta.

Mis papás se dieron cuenta de que Lola tenía una discapacidad cuando era pequeñita, porque no hacía lo mismo que el resto de bebés o que yo mismo (que soy su hermano mayor) cuando tenía su edad. Así que parece que nació con ella.

Mi hermana lolaLa discapacidad no es una ENFERMEDAD, no es algo que si te tomas un jarabe se cura…, no. Eso lo aprendí porque me lo contó mi abuelo un día que yo estaba muy triste. Porque al principio, yo creía que Lola estaba muy enferma,porque mis papás la llevaban mucho al médico. Y estaba muy preocupado, pensaba que si no encontraban el medicamento que necesitaba se pondría peor o que como era mi hermana, quizás también me podría pasar a mí.

Pero no es así, el abuelo me lo contó muy bien: a Lola le hacían tantas pruebas para saber lo que tenía y saber así como ayudarla. que no iba a ocurrir nada malo, ni con ella ni conmigo, porque la discapacidad no se contagia. Para entender un poco mejor lo que es la discapacidad intelectual será mejor que nos fijemos en la palabra: DIS significa que hay alguna dificultad…, y seguro que ya sabes lo que significa CAPACIDAD, se refiere a todo aquello que las personas somos capaces de hacer.

Las personas tenemos un montón de capacidades:podemos caminar, correr, hablar, cantar, bailar,contar, querer, ayudar, cuidar de nosotros mismos,imaginar, recordar…,un montón (¡es imposible hacer una lista!).

Bueno, decir que todas las personas son capaces de hacerlo todo quizás sea algo exagerado: porque quien más quien menos tiene alguna dificultad para hacer algo…, yo mismo, soy un excelente portero para mi equipo de fútbol (eso ya te lo conté), pero se me da fatal dibujar. O mi papá: conduce muy bien, pero es incapaz de saber qué le ocurre al coche cuando no funciona…

Pues las personas con discapacidad intelectual también tienen capacidades y dificultades,como todos. Pero para que entiendas un poco mejor, sus dificultades están sobre todo en unos aspectos concretos: el primero podría ser la COMPRENSIÓN. A Lola, por ejemplo, le cuesta mucho entender cómo funcionan las matemáticas, entender que el zapato del pié derecho es distinto al del izquierdo o comprender cuando le hablan rápido y de cosas difíciles.

Lola también tiene dificultades para COMUNICARSE con las demás personas: a veces, es difícil entenderla si no la conoces bien, o no siempre contesta cuando le preguntas… También le cuesta APRENDER todo lo que se enseña en la escuela y algunas cosas que se aprenden fuera de la escuela, por eso tiene a una profesora de apoyo que le ayuda a entender mejor y a hacer las tareas de clase.

¡Pero no te creas que Lola solo tiene dificultades! También sabe hacer muchas cosas, algunas incluso mejor que yo: poner la mesa, ¡por ejemplo! o cuidar de sus juguetes o mantener ordenada su habitación.

Debido a sus necesidades, Lola cuenta con muchos APOYOS que le ayudan a superarlas. Los apoyos pueden ser “cosas”como los dibujos que tenemos en la nevera y que ayudan a Lola a saber qué vamos a hacer hoy…, pero sobretodo son “personas”que la ayudan cuando lo necesita: en el cole tiene a la profesora de apoyo, luego está la logopeda,o mis papás.

La verdad es que mis padres pasan más tiempo con Lola que conmigo. Lo hacen porque ella necesita más ayuda que yo en algunas cosas. Ahora ya lo entiendo, pero antes me enfadaba mucho: yo también quería que mamá me acompañara a todas partes, o pasara más tiempo a mi lado… pero supongo que he crecido, y ahora también soy yo el que ayuda a Lola en algunas cosas.

En mi clase,no hay nadie que tenga un hermano diferente, como Lola… bueno, está Laura que tiene una hermana que vino de China y es MUY diferente, pero por su carita redonda, no es como Lola.

Por eso, a veces,me ha dado algo de apuro que mamá viniera con ella a mi cole, o que mis amigos vinieran a casa a jugar…como Lola es diferente, algunos la miraban con curiosidad o me hacían preguntas, yo no tenía ganas de dar explicaciones. Incluso tenía vergüenza porque YO ¡también me sentía diferente!

Me ayudó a no sentir vergüenza darme cuenta que,en realidad, todos somos diferentes… Lola también lo es, con sus limitaciones y sus capacidades.

Y sobre todo, ahora ya puedo explicar qué es lo que le ocurre a Lola: tiene una DISCAPACIDAD INTELECTUAL.

¡Y yo la quiero como es!

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